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Como vencer las preocupaciones




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Mateo 6:25-33 (comp. Lucas 12:22-31) - Filipenses 4:6-10

En “días tan malos y tiempos tan peligros” – Efe 5:16 y 2ª Tim.3:1- cuando las preocupaciones abundan y nos enferman, el Señor nos quiere recordar que él siempre está sustentándonos “milagrosamente”, no solo material sino también emocional y espiritualmente.

Primeramente el Espíritu de Dios nos socorre:

Cuando el prodigarnos el sustento diario nos carga de “ansiosa inquietud”.

Cuando las palabras del Señor nos hace recorrer con nuestra imaginación las tierras bíblicas no se nos cruza por nuestra mente que las gentes que se agolpaban a su alrededor pudiesen vivir en “ansiosa inquietud “. Pero el relato antiguo y la realidad de nuestros días nos aseguran que el afán y la preocupación son monedas corrientes de la vida del hombre, cualquiera fuera la época y la región del planeta en la que viva.

Aunque en la antigüedad no había folletos de los “supers” para comparar los precios, sin embargo el “qué vamos a comer” y “qué nos pondremos” o “cómo vamos a pagar el alquiler” es una constante en la mente de todas las generaciones que quita la paz y no nos deja disfrutar de la vida.

El sabio pensamiento de Jesús, pocas veces oído y menos puesto en práctica, resuena en el tumultuoso tropel de la carrera hacia las ofertas del supermercado: “¿No es la vida más que el alimento y el cuerpo más que el vestido?”

El Señor no nos está hablando del ayuno y menos aún del cuidado o la salud del cuerpo. Él está queriendo enseñarnos un orden de prioridad en la vida. No solo por el tiempo y energía que consumimos en preocuparnos por la comida y por el vestir sino por la preocupación, la ansiedad y el afán que ello causa en todo nuestro ser.

El señor Jesús nos tiene que hablar y enseñar como a niños, con ejemplos sencillos y elementales, con pájaros y flores, pero no por sencillos dejan de tener la fuerza de la palabra y el ejemplo de la creación de Dios.-Rom. 1:20 -

Hay una enseñanza escondida en las palabras del Señor, y es que la preocupación y el afán están directamente relacionado con el concepto que tenemos de nosotros mismos como hijos de Dios. El Señor tiene que aseverar que valemos más que todas las manifestaciones de vida que existe en la creación y que él sustenta. El sentimiento y a veces complejo de inferioridad espiritual y emocional que padecemos no nos permite confiar en el cuidado amoroso de nuestro Padre celestial.

Me imagino al Señor hablándonos muy de cerca y diciendo: “Si mi Padre se ocupa día a día de vidas tan pasajeras como las de las aves y las flores, ¿Cómo no se va a ocupar de las vuestras que son de Él y además eternas, aunque lo ofenden permanentemente con vuestra poca fe?. Se entiende que los paganos actúen así y corran detrás de la comida y el vestido, pues su dios es el vientre y solo piensan en lo terrenal teniendo las prioridades alteradas, pero ustedes son ciudadanos del cielo y esto les tiene que bastar.”

En Segundo lugar, el Espíritu de Dios también está a nuestro lado:

Cuando los problemas no materiales de la vida nos quitan la paz interior.

“Por nada estéis afanosos”. Cuando Pablo escribe a los Filipenses es muy preciso en el uso de las palabras, cuando usa los términos “todo” o “nada” lo hace con absoluta precisión. Él nos señala que “nada debe mostrarnos afanosos.” Decimos “mostrarnos”, porque el afán es una conducta corporal que es observada por otros. Hay personas que todo lo tienen que hacer rápido, estilo “correcaminos”. Esta particularidad tiene muchas veces una causa emocional que es la ansiedad, que a su vez produce naturalmente angustia a nivel del espíritu. Como vemos cuando hay ansiedad en nuestra manera de pensar, actuamos afanosos y sentimos angustia en nuestro ser interior. ¡Tres enemigos que han hecho presa de nosotros y nos quitan la paz interior y llegan a enfermarnos!

El consejo de la Palabra es que demos algunos pasos que nos lleven a disfrutar de la vida a pesar de los problemas que nos desesperan porque no están a nuestro alcance el poder solucionarlos. En primer lugar se nos indica que debemos ejercitarla:

Oración por todo: “Sean conocidas...” En primer lugar debemos descubrir que es lo que nos produce afán y comunicárselo al Señor y no olvidar de agradecerle, porque que Él nos escucha, toma nuestro problema en sus manos, y nos dará la solución. Esta es la actitud más difícil de tomar a causa de nuestra falta de fe. Muchas veces presentamos a Dios nuestros problemas y no se los dejamos, sino que nos los volvemos a llevar y con ellos toda la angustia. Cuando verdaderamente le dejamos los problemas al Señor, disfrutamos de su primer milagro, y decimos milagro pues “sobrepasa todo entendimiento”. No hay mente humana que pueda entenderlo y menos explicarlo, él nos da su:

Bendición de lo alto: Su paz, la palabra nos dice: “Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y pensamientos en Cristo Jesús”. Cuando la paz de Dios invade nuestro interior, desplaza la ansiedad de la mente y la angustia del corazón. El profeta Isaías lo expresa con otras palabras: “Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado.” – Isaías 26:3- El orden es el mismo, “porque en Dios ha confiado, su vida es guardada en completa paz” Esto nos permite tener una disposición y estado interior ideal para practicar la:

Meditación en Su Persona: “Por lo demás...en esto pensad”. Muchas veces se utiliza este versículo como un elemento de la técnica llamada “pensamiento positivo”. Sin experimentar los vs. 6 y 7 se pretende aplicar como “una cataplasma o aspirina espiritual.” Si alguien tiene problemas con sus malos pensamientos, por ejemplo, se le puede llegar a decir: -“Debes contrarrestar los malos pensamientos con buenos pensamientos, practica el vs.8, piensa en cosas puras.”- utilizando el versículo como un método de autoayuda, prescindiendo de la intervención de Dios. Este mandamiento “funciona” si Dios primeramente “Guardó, con su paz, mi corazón y mis pensamientos en Cristo Jesús”. Este versículo nos habla tanto del fruto del Espíritu, como de la misma persona del Señor Jesucristo. Luego el Espíritu Santo sembrará en mi interior el deseo de la:

Participación: El apóstol nos recuerda que hay dos elementos importantes en la vida a tener en cuenta antes de “hacer” o ponernos a trabajar:

Su enseñanza, “Lo que aprendisteis y recibisteis...“. No podemos participar en el servicio al Señor sin haber aprendido con la mente y recibido en el corazón su Palabra. Además Pablo esgrime:

Su ejemplo de vida para imitar, “... y oísteis y vistes en mi...”El apóstol no era un teórico, junto con su enseñanza mostraba la coherencia de su vida, también antes lo había hecho con los ancianos de Efeso. “Vosotros sabéis cómo me he comportado entre vosotros todo el tiempo...”- Hch. 20:18-21, 26-27, 31, 33-35

¡Grande es la motivación de servir al Señor del discípulo cuando la enseñanza viene sustentada por el ejemplo de vida del maestro!

Cuando aún estamos disfrutando el primer milagro su produce el segundo. Ya no solo es “la paz de Dios” como virtud divina, sino que ahora disfrutamos de la:

Comunión con Dios: “y el Dios de paz estará con vosotros.” Por supuesto esto no es nuevo, el mismo Señor lo anticipó: “y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.” –Mat.28:29- Pues hay verdades que el mismo Espíritu de Dios tiene que recalcar frente a nuestra frágil memoria o permanente característica de “hombres de poca fe.” Dios no solo tiene como propósito de su comunión un fin en sí mismo, sino que además ella sirva para que nuestras vidas den testimonio de él como lo hicieron Pedro y Juan frente al Sanedrín que maravillado: “...les reconocían que habían estado con Jesús.” – Hch. 4:13b-

Es el deseo insistente de nuestro buen Padre y Dios es que aprendamos a confiar incondicionalmente en él. Varios pasajes más nos alientan a esto:

“Encomienda a Jehová tu camino, y confía en él; y él hará.” – Sal.37:5

“Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará.” – Sal. 55:22ª.

“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” –Mt. 11:28

“Echar toda nuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de nosotros.”- 1ª P. 5:7- 

¿Lo vamos a hacer? O seguiremos preocupándonos y enfermándonos por todo.

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